6/4/10

3 Muy curioso


Hola a todos,

Esta mañana Rubén me ha mandado un correo que creo puede interesaros a todos, a mi personalmente me ha gustado mucho.
Copio y pego.

Éste es el prólogo de la Cinta Americana aparecida en el Solo Moto 30 de Julio de 1985.
En él Dennis Noyes nos cuenta una historia de su época de "café racer" en Ipswich.
No habían pasado veinte años desde aquella historia cuando Dennis lo contaba como algo muy lejano. En ése entonces tenía una Ducati 24 horas, de las de Mototrans, que hoy cotizan más que una 1098 de segundamano.
A Mediados de los ochenta las motos empezaban a cambiar, y mucho.
Se presentaba ése año la primera Suzuki GSX R 750 y con ello entrábamos en la "Gixxer Age", la de las superbikes como las que veíamos el domingo en el circuito.
Ahora han pasado veinticinco años desde aquella "Cinta Americana". Las motos han vuelto a cambiar mucho, pero no parece tanto. Una GSX R 750 del ´85 sigue corriendo mucho más que un simple mortal.
Aquella Cinta Americana se tituló "La Época de los Héroes" y fue un homenaje a todos aquellos que disfrutaron de la época de oro de las "café racer", cuando más que una moda eran una necesidad, cuando no había que mentir porque ya estabas en el grupo de élite el día que lograbas superar las míticas cien millas.

A continuación la transcripción de la primera parte de la historia de Noyes:

Sábado noche en el pub. Al final de los sesenta. Verano inglés. Sin nubes y sin lluvia. Puerta abierta a un parking lleno de Triumph, BSA, Norton, más alguna Velocette, Enfield y hasta una Vincent. Y también una Honda 450 bicilíndrica…. Un intruso del futuro.
Monos negros, chaquetas de cuero negro, tejanos salpicados con Castrol R, botas altas “Highwayman”, cascos Jet y Cronwell, con gafas.
Las historias de aventuras en carretera eran escalofriantes, y con aquellas motos de aquellos tiempos de Inglaterra al final de los sesenta, no había que recurrir nunca a las mentiras. O ¿es que nunca has roto un cable del tambor delantero de una Triumph Bonneville en la entrada de una curva?
“Estaba gas a fondo a 110 millas por hora (176 km./h) en la bajada de “la Colina del escocés” con la curva asomando. Frené fuerte, pero. . . ¡se me rompió el cable!
“La moto pareció acelerar aún con el puño cerrado, y solo tuve tiempo para enganchar la tercera marcha antes de meter la Bonnie en la curva. Iba tan deprisa cuando metí la tercera, que la rueda trasera empezó a hacer grandes rebotes y no pude inclinar hasta que estaba casi fuera de la carretera. Entré en la curva con la rueda trasera todavía rebotando un poco y con la moto meneándose. Y cuando tenía la situación casi, casi bajo control y cuando pude ver la salida de la curva ¡vi por delante a “Old Bill” (argot británico para la policía de tráfico) en pleno centro de la carretera con la mano arriba. Había parado el tráfico que subía. Era para dejar pasar un coche fúnebre y una maldita caravana de lamentadores. “Old Bill” me vió en el mismo instante que yo le vi a él. Metí la segunda y la Bonnie volvió a rebotar de nuevo, clavé el freno trasero y la moto se cruzaba. Old Bill ya había dejado paso al coche fúnebre , pero dio un salto hacia atrás para meterse en su camino. El coche frenó, pero Old Bill acabó sobre el capó. Su casco de Bobbie se cayó, y oí un choque cuando el coche de la viuda dio contra el coche del muerto, y yo pasé justo por delante del parachoques con la moto cruzada sobre la gravilla y por poco pierdo la rueda delantera al aplastar el casco de Old Hill.
“Cuando por fin pude parar, miré atrás y les ví a todos viniendo a por mí, Ol Bill, los hijos del muerto, y la mitad de los lamentadores. Y yo con el motor parado. No había tiempo para buscar punto muerto y dar patada. Me bajé de la moto. Empujé hacia atrás sobre compresión, cogí el embrague y empecé a empujar como un condenado. No me atreví a mirar atrás, pero estaban casi encima. Solté el embrague y el motor empezó a girar pero sin coger… y de pronto arrancó y salí de allí en segunda, con el embrague patinando y las manos de Old Bill a media pulgada de mi cuello…”
La historia nos gustó, y Andy se levantó a buscar una ronda de “pints”. Estábamos como siempre el sábado por la noche en el Sporting Farmer de Ipswich, cascos en la mesa, motos en el parking.
Eramos siempre cuatro: Roy, Andy, Frank y yo. Tres ingleses de Suffolk y un “yank” de Illinois. Todos corríamos en moto, pero también íbamos en moto por la calle, y las carreras por las carreteras secundarias entre Ipswich y Felixtowe eran algunas veces aún más locas y emocionantes que las carreras de verdad en Brands Hatch, Snetterton y Cadwell Park.

3 comentarios:

Suntphoto dijo...

Ya la había leido, pero me sigue gustando. Historias de moteros, jeje

Pery dijo...

Me pareció interesante y entretenida cuando me la mandó Rubén...
Que elementos.., menudas cuatro patas para un banco..

ElSolitarioMC dijo...

Que bueno!!!
jijiji... a mi se me rompio el cable del tambor de mi TR el año pasado!!! pero no iba a 176 kph!@#$% fiuuuuuuu...

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